
Sólo bastaba que sonaran las cinco campanadas para descubrirte. Cómo todo sueño que se descubre y nos sorprende, existe una revelación mística que le precede, sin importar su origen ó contexto.
Allí, bajo el gigante demoledor del tiempo, supe entonces lo que eras:
Tu dominio es el mundo de cada cosa que te compone y que vibra en tus células, es tu historia más remota confundida entre fenicios, cartaginenses, romanos y vándalos. Eres descendiente de dinastías pretéritas de filósofos y científicos, de místicos y revolucionarios, de artesanos y constructores de utopías.
Tu reino animal se esconde bajo la sombra tibia que hay en tus ojos de mar inacabado, desplazándose libremente para perseguir fantasías y atrapar risas. Te alimentas de ti, de mí y de todo, con el placer infinito de hambre satisfecha que erige tus órganos cantantes, recorridos por ríos de aguas sicalípticas y ardientes.
Tu phylum es la escalera que se recorre de un cielo al otro: uno es el firmamento de pensamientos, ideas, recuerdos y constelaciones conectadas. Otro, la bóveda celeste de tus deseos. Es una escalera de caracola que te sostiene, te abraza, se enreda en ti y envuelve.
Tu clase de abuela, madre y hermana, vientre común que te contiene y nutre con resinas dulces de antaño, guardadas ahora en las profundidades de las montañas que te surcan. Te cubre un manto cálido y aterciopelado, donde se adivinan el aire que te inunda y las vertientes ocultas que peregrinan en tus entrañas. El sentir de ave y mariposa y rosa y todo a la vez.
Tu orden de manos y pies alados. Manos que tocan, que abarcan, que crean y recrean. Pies que deambulan desde lo más profundo y cercano hasta lo más distante e infinito. Orden de miradas lentas e inmóviles, caleidoscopios que bañan de exotismo el espejo de la realidad. Brazos que ciñen y rodean, que atrapan ineludiblemente.
Tu familia es la de aquellos que son libres, sensibles, responsables, justos, verdaderos, auténticos. Aquellos que se duelen y lloran todas sus lágrimas, de los que ríen a quijada y corazón abierto. También temes, también luchas.
Tu género mujer, luz en todo camino, mano que me lleva confidente, curiosidad infinita, vocación de amor, enigma y desafío.
La especie eres TÚ...
Clepsidra.
Allí, bajo el gigante demoledor del tiempo, supe entonces lo que eras:
Tu dominio es el mundo de cada cosa que te compone y que vibra en tus células, es tu historia más remota confundida entre fenicios, cartaginenses, romanos y vándalos. Eres descendiente de dinastías pretéritas de filósofos y científicos, de místicos y revolucionarios, de artesanos y constructores de utopías.
Tu reino animal se esconde bajo la sombra tibia que hay en tus ojos de mar inacabado, desplazándose libremente para perseguir fantasías y atrapar risas. Te alimentas de ti, de mí y de todo, con el placer infinito de hambre satisfecha que erige tus órganos cantantes, recorridos por ríos de aguas sicalípticas y ardientes.
Tu phylum es la escalera que se recorre de un cielo al otro: uno es el firmamento de pensamientos, ideas, recuerdos y constelaciones conectadas. Otro, la bóveda celeste de tus deseos. Es una escalera de caracola que te sostiene, te abraza, se enreda en ti y envuelve.
Tu clase de abuela, madre y hermana, vientre común que te contiene y nutre con resinas dulces de antaño, guardadas ahora en las profundidades de las montañas que te surcan. Te cubre un manto cálido y aterciopelado, donde se adivinan el aire que te inunda y las vertientes ocultas que peregrinan en tus entrañas. El sentir de ave y mariposa y rosa y todo a la vez.
Tu orden de manos y pies alados. Manos que tocan, que abarcan, que crean y recrean. Pies que deambulan desde lo más profundo y cercano hasta lo más distante e infinito. Orden de miradas lentas e inmóviles, caleidoscopios que bañan de exotismo el espejo de la realidad. Brazos que ciñen y rodean, que atrapan ineludiblemente.
Tu familia es la de aquellos que son libres, sensibles, responsables, justos, verdaderos, auténticos. Aquellos que se duelen y lloran todas sus lágrimas, de los que ríen a quijada y corazón abierto. También temes, también luchas.
Tu género mujer, luz en todo camino, mano que me lleva confidente, curiosidad infinita, vocación de amor, enigma y desafío.
La especie eres TÚ...
Clepsidra.
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