La princesa concedía audiencias de seis minutos todos los días.
- Perdone, ¿es esta la cola para admiradores de la princesa?, dijo el dragón.
Ninguno de los atolondrados admiradores contestó.
La cola siguió creciendo.
Les sirvieron café para amenizar la espera.
Raudo, sibilino y escurridizo pasó un admirador rociando matarratas en los cafés de los demás.
El dragón, que lo vio, se fue hasta el final de la cola sigiloso. Se puso la sonrisa del que llega el último y le espetó:
- ¿Café?
Sherezade.
Palabras de Amor Para Mi Esposo
Hace 6 años
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