Iba yo ese día cabizbajo, absorto en mis pensamientos, más bien rapidito, aunque no llegaba tarde a ningún sitio. A ver si de paso cojo unos tomates, tengo que hablar con la maestra, ¿cuándo tenía yo que cambiarle el aceite al coche? “¡PLAS!” Me quedé helado. Casi me mata un montón de hierros y cristales.
Qué miedo… Miré para arriba y no encontraba explicación.
Alguna gente se paró, comentó, inventó tres o cuatro millones de teorías. Pues mira que solo un niño acertó:
- Se ha caído una ventana.
Nadie le hacía caso, pero el niño tenía razón: Se había caído una ventana.
Damas y caballeros, ¿están ustedes entendiendo lo que leen? ¡Se había caído una ventana! ¡Las ventanas no se caen! Se cae un pañuelo, una teja o una lata de aceitunas en el pie, pero no una ventana. No se cae, no, eso no puede ser. ¡¿Cómo se va a caer?!
El pensamiento me traía loco por la noche.
Me dormí.
Soñé con una ciudad vacía que lloraba ventanas.
Me desperté muy serio. Me reí:
- ¡Ja, ja! ¡Mientras no me caigan las macetas en la cabeza!
- Este hombre está loco -dijo mi mujer.
Un momento, ¿qué maceta? Me puse las zapatillas y salí a la calle. Había más montones de cristales, pero ninguna maceta. En esta ciudad casi no hay flores. Y las fachadas se estaban quedando lisas.
Por la mañana la situación era de escándalo público. Gente que llegaba tarde al trabajo porque no le había despertado el sol de la mañana.
Tengo que decir que yo comprendo a las ventanas… Cuando un cacharro como la tele te hace una competencia tan dura… Hay un momento en que te tienes que rebelar.
En fin, que la cosa fue a peor. No quedó casi ninguna ventana en su sitio. Las fachadas se quedaron ciegas. Tan solamente quedaron arriba las ventanas que tenían flores.
- Oh –dijeron unos.
- Oh – dijeron otros.
Esta ciudad mía es hoy un jardín. ¡Qué bonita! Qué bonita.
Sherezade.
Palabras de Amor Para Mi Esposo
Hace 6 años


