Hay historias que uno no puede creer a menos que te las cuente tu madre. Esta le pasó a mi propia madre.
Gente de todos los pueblos iban a visitar a la sabia de Écija. Esta señora no era realmente una curandera, ni milagrera, ni te imponía las manos… Nada. Ni te miraba. La gente iba a ver lo que se podía hacer. No había promesas ni exigencias por ninguna de las dos partes.
Mi madre había ido de niña y adolescente alguna que otra vez con mi abuela. Esta vez fueron juntas también. Mi madre no iba para sí misma, sino para una vecina. Esta vecina estaba muy preocupada. Tenía un bultito en el pecho y lloraba pensando en que fuera un cáncer. Miraba a sus niños chiquitos, y le daba mucha pena.
Cuando le tocó el turno a mi madre, se sentó en una silla y vio a la sabia de Écija sentada en un sillón. Estaba como en trance y en ningún momento miró a mi madre. A su lado estaba su sobrino. Este hombre tomaba nota porque cuando ella salía del trance, no se acordaba de lo que había dicho. A mi madre no le preguntaron nada en ningún momento. No tuvo que abrir la boca.
La señora empezó a decir nombres: “Carmen, Dolores, María, M…” Era el nombre de mi vecina. Paró. No dijo más nombres. Entonces empezó a hacer una especie de chequeo: “La cabeza está bien, la vista la tiene buena…” Llegó al pecho y dijo: “Tiene un bultito en el pecho, no es cáncer, no es un tumor, que no se preocupe”. Y lo repitió. Dijo las cosas que había que comprar de la farmacia y eso fue todo.
Mi madre volvió a casa y le dijo a la vecina lo que le habían dicho. Siguió el tratamiento y se curó.
Le he vuelto a pedir que me contara esta historia muchas veces… A pesar de los calificativos que le queramos poner, las vueltas que se le dé… ocurrió. Sé que había quien iba para ver si curaban a su hijo inválido y ese tipo de cosas… Pero ella no podía hacer nada.
Creo que un día la ciencia podrá dar una explicación perfecta de lo que pasa en el cerebro de personas como esta. Debe de ser algún tipo de telepatía. A lo mejor todos tenemos esa potencialidad latente.
Recordando a María Zambrano, esto de preguntarse es filosofía, y ahora que venga un poeta y lo resuelva. Mientras tanto, el mundo es definitivamente macondiano.
Sherezade.